Metered o dinámico: Un genio de la literatura popular
Se me pasan los días sin recordar que este mes se cumplieron 96 años de la muerte de Conan Doyle, el escritor que, por propio convencimiento o agobiado por los prejuicios sobre la literatura popular, despreciaba a Holmes creyendo que no estaba a la altura de sus novelas históricas. Hasta el punto, como es sabido, de matarlo en 1893 tirándolo por las cataratas de Reichenbach... para verse obligado a resucitarlo diez años más tarde ante las miles de cartas de protesta que colapsaron las oficinas de correos, la presión de la revista The Strand, que perdió en un día 20.000 suscriptores, y la intervención de la mismísima Victoria.
Resistiéndose a resucitar su odiada criatura, para contentar a los lectores y a la revista, publicó en 1901 El sabueso de los Baskerville, situándola antes de la muerte de Holmes. Pero, como sucedía con el sabueso cuando el malvado Stapleton le daba a oler el zapato de sir Henry, eso no hizo sino azuzar la furia de los lectores. Hasta que en 1903 no tuvo más remedio que revivirlo en La casa deshabitada, primero de los doce cuentos que conformaron el volumen El regreso de Sherlock Holmes. Le siguieron El valle del terror en 1914-1916 y las colecciones de relatos Su última reverencia en 1917 y El archivo de Sherlock Holmes en 1927, que reunía los escritos entre 1921 y ese año. Ganó Holmes. Y con razón: 139 años después de su primera aventura, estos personajes, nacidos para morir tras entretener, siguen vivos.
Se equivocó sir Arthur creyendo que las aventuras de Holmes no hacían justicia a su talento. Como también se equivocan quienes lo reducen a Holmes. Extraordinario es su ciclo de novelas protagonizadas por el profesor Challenger, cuya primera entrega, El mundo perdido, publicada en 1912, inspiró –digámoslo en homenaje al recientemente fallecido Sam Neill– Parque Jurásico de Crichton y Spielberg. Y magníficas son sus novelas históricas que él tanto apreciaba, Rodney Stone, vivísimo cuadro de los inicios del boxeo en la Inglaterra previctoriana, Sir Nigel o Las aventuras del brigadier Gerard, sin olvidar las recopilaciones de sus cuentos de terror, de médicos, del ring o de la vida militar. ¿Literatura popular de entretenimiento? Puede ser. ¿Y qué? Autores idolatrados en su día están olvidados y sir Arthur vive.