Suscripción: Un intelectual en Nueva Jersey

Marcos Llorente.
Marcos Llorente.

En unos tiempos en que la falta de preparación intelectual y la sobra de cinismo vital es moneda común entre los políticos, en los que tener el piquito de oro y la demagogia fácil te lleva a convertirte en un ídolo de las masas cretinizadas por la ESO, Rafael Sánchez Saus solo puede ser una rara avis, un antipolítico en el sentido más positivo de la palabra. El hombre señalado por Manuel Gavira para ser su segundo en la macroconsejería de Turismo, Justicia, Desregulación y Administración Local no está afiliado a Vox y no tiene experiencia previa en la Administración, pero sí ha sido una persona muy implicada en la gestión de las universidades pública y privada, además de haber desempeñado cargos en reales academias y fundaciones. Un hombre, pues, que siempre ha estado al servicio de la sociedad sin chupar banquillo en sedes partitocráticas ni adorar a becerros de oro para lograr una canonjía. No duden que él fue el primer sorprendido con la propuesta de Gavira.

Rafael Sánchez Saus es, ante todo, un intelectual, un espécimen que ya apenas se ve por los desolados pasillos de la política, pero que tiene una larga tradición en nuestra historia, desde Azaña hasta el Cela senador por designación real. De este medievalista brillante y varias veces premiado destacamos hoy, a vuelapluma y con las urgencias del cierre, dos ensayos amenos, rigurosos y valientes: Historia de la Nación española (cuyo título ya es toda una declaración en estos tiempos de ofensiva plurinacional) y Al-Andalus y la cruz, rigurosa desactivación de esa bomba de cursilería historiográfica que es el mito de las tres culturas.

No lo va a tener fácil Sánchez Saus en el puesto. Tiene que coordinar áreas cuyo matrimonio de conveniencia se debe a las exigencias del pacto PP-Vox y no a la racionalidad administrativa y, probablemente, sufra el fuego amigo de los politiquillos profesionales de su equipo y, por supuesto, el hostigamiento de la oposición y una prensa cargada de prejuicios. Independientemente de sus posibles equivocaciones y de que podamos no comulgar con algunas de sus ideas, sabemos que este propagandista trabajará duro y honorablemente, lo cual, tal como está el patio jurídico nacional, con su intenso aroma a pimentón y vísceras de cerdo, ya es un gran logro para la política andaluza.

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